
Me visto todo de negro hasta las zapatillas, calcetines y ropa interior, más que nada para mimetizarme con el entorno, y si el bicipikete se convierte en una bicifestación nudista, por lo menos ir bien mudado.
Pº Independencia, Mª Agustín, Pza, Europa, Cortes de Aragón, Pignatelli, Pza. del Pilar, Via Universitas, Gran Vía, ida y vuelta. En mi desesperación estoy a punto de preguntar a una pareja de municipales si han visto una caravana de ciclistas que se dedican a entorpecer el tráfico y tocarles a ellos las narices. Mejor no les pregunto. Recibo una llamada de mi familia informándome de que debajo de nuestra casa, en la plaza Mozart, hay un grupo de ciclistas dando vueltas a la rotonda, provocando el caos y originando una pitada que les ha despertado. Mi hijo me dice que como esté yo en esa movida esta noche duermo en la galería. ¡¡Que más quisiera que estar con ellos!!!, es lo que llevo buscando desde hace tres cuartos de hora. El cabreo de mi familia se torna preocupación cuando me comentan por telefóno que la policia está cargando con escudos y porras para despejar el tráfico. Es la llamada del 7º de caballería a la que acudo raudo y veloz en auxilio de mis nuevos compañeros (estoy buscando llevarme una buena hostia). En el puente de Hierro recojo a varios ciclistas que también van buscando al bicipikete. Ellos han recibido la misma información hace un momento a través del facebook. Ya no estoy solo. En la Plaza Mozart ya no hay nadie, ni mi familia en la galeria; vamos hacia la rotonda del Grande Covián donde tampoco hay nadie. En un bar, donde solo preguntamos, nos indican que han ido hacia bomberos. Llegamos alli y tampoco hay nadie. Recorremos el Actur, puente de la Almozara , las Cortes, estación del Portillo, de nuevo el Pignatelli. Me separo de mis compañeros, ya que nuestra sociedad no está dando frutos. Llevo casi dos horas a todo pedal sobre Zaragoza y tanto kilometro urbano de bicicleta empieza a hacer estragos. Y lo confieso: me tuve que tomar un café-esquirol para coger algo de calor, hacer un pis y darle un descanso a mi zona escroto-perianal.
A las 9,30 pienso que el bicipikete acudirá al Corte Inglés, un clásico en las huelgas generales, a las 10 de la mañana, mas que nada para ver si queda algo de la Semana Fantástica.
Casi se me saltan las lágrimas cuando, por fin, me integro en el bicipikete y comenzamos a dar vueltas al Corte, somos aplaudidos y vitoreados por el público, algún municipal intenta hacernos parar en algún cruce pero sin éxito. Hago fotos y me graban en ZTV. (ver el tramo de video 0:29), y que apareció en la portada del Heraldo digital.