domingo, 30 de septiembre de 2018

ECHANDO HUEVOS A LA ECOLOGIA

Creo que la alimentación denominada  ecológica es una estafa. Vaya esta declaración por delante.

He visto plantar a mi padre diversas verduras y legumbres en el huerto familiar utilizando únicamente como abono fiemo de ovejas.  Pero una vez que las diversas plantas ya habían alcanzado un cierto desarrollo, también he visto como las bañaba con  insecticidas  y matabichos diversos. Si no las sulfataba, no había cosecha. Sacaba anualmente unos cuatrocientos kilos de patatas, pero con ayuda del insecticida correspondiente. Sin éste, el pulgon de la patata no dejaba ninguna sana.

El huerto, una vez labrado despues de sacar las patatas, allá para octubre,  a la espera de una nueva siembra.
El huerto contaba con su propio pozo y su caseta (la puerta azul) con motor para bombear agua, que subíamos a la parte alta y de allí se repartía entre los diversas plantaciones, cada una con una necesidad distinta de agua.

Que decir tiene que esos tomates, zanahorias, calabazas, calabacines, pimientos, cebollas, acelgas, cardos, borrajas, patatas y garbanzos tenían un sabor especial, que disfrutabas en un corto periodo de tiempo, ya que, según el lenguaje agrícola del lugar (Aguaviva de la Vega, Soria) "se venían enseguida", es decir que enseguida se echaban a perder.  Los tomates se embotaban, al igual que los pimientos,  a las patatas se les echaban polvos, y con el resto de la comida había que hacer un reparto estratégico y solidario entre familiares y amigos para evitar que se echaran a perder. 

Económicamente no era rentable ni de lejos. Solamente contando la horas de trabajo necesarias para plantar, regar, cuidar, recoger y distribuir, salía cada patata a millón. Evidentemente el entretenimiento y disfrute que suponía para mi padre aquello, no tenía precio.  

También nos beneficiabamos periódicamente de la generosidad de la prima Felisa quien nos regalaba huevos de sus gallinas que se le criaban en el corral, en la calle e incluso en el portal de la propia casa.

La generosidad de Felisa dio paso a la generosidad de los pacientes de la doctora Perales, que habitualmente la obsequian con todo tipo de productos de la huerta del jalón zaragozano así como huevos de gallinas anarquistas. 

Esta denomación de gallinas anarquistas la hago frente a la clasificación impuesta por la CEE: (0) ecologicas, (1) camperas, (2) suelo y (3) jaula (creo). ya que éstas otras gallinas viven y producen los huevos donde les da la real gana y comen de todo lo que encuentran por el suelo, restos de comida, pipas de girasol, restos de chuches.  Hasta una colilla de tabaco vi que se comía una de ellas en una ocasión.


Dos muestras de varias docenas de huevos regalados a la doctora Perales y que agradecemos enormemente. Cada huevo es de un tamaño, color y morfología propia. Prácticamente no hay dos iguales. La generosidad no es previsible, y recuerdo la gran cantidad de flan que tuvimos que hacer cuando tres pacientes se pusieron de acuerdo en regalar una docena de huevos  cada una  (Foto de arriba) en agradecimiento a la amabilidad, fuera de lo profesional,  de mi mujer, la doctora Perales.

El resto del tiempo, en la familia consumimos los huevos tipo L de Mercadona, y ahí es donde quería llegar.

NO ENCUENTRO NINGUNA, PERO QUE NINGUNA DIFERENCIA, EN EL SABOR DE LOS HUEVOS DE LAS GALLINAS ANARQUISTAS A LAS GALLINAS ESCLAVIZADAS DEL MERCADONA.

Propongo un juego:


La cáscara marcada como "D" pertenece a un huevo de Mercadona  tipo L, mira a ver con que yema del bol la relacionas. Te anticipo que la "2" la rota, se corresponde con la cáscara "B".


OTRO JUEGO MAS



El huevo blanco pero cochino, es de una gallina de pueblo. El marrón, con su etiqueta roja es del Mercadona



Adivina con cual de los huevos fritos de abajo se corresponde cada uno. (Izquierda o derecha)


Os puedo asegurar que no encuentro diferencia de sabor entre un huevo frito del Mercadona (de gallinas esclavizadas, los más baratos) y otro de una gallina anarquista. La diferencia de sabor la encuentro en el grado de fritura, y sobre todo en el aceite empleado y ese puntito adecuado de sal.

Y si además van acompañados de un buen trozo de panceta o jamón la diferencia es imposible de detectar.




Abundando más en el tema de la comida ecológica os dejo un enlace al respecto:

https://elpais.com/elpais/2016/12/15/buenavida/1481801597_706486.html



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